La esperanza también necesita límites
Hay una línea muy fina entre la esperanza que sostiene y la esperanza que desgasta.
A veces no la notamos. Solo sentimos que estamos cansados de esperar.
Cuando alguien atraviesa una enfermedad o acompaña a quien la padece, la esperanza suele convertirse en un refugio. “Mientras haya vida, hay esperanza”, decimos. Pero también puede volverse una prisión silenciosa cuando se aferra más al resultado que al proceso. La verdadera esperanza no está en negar la realidad, sino en encontrar sentido dentro de ella.
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“No se trata de controlar la vida, sino de acompañarla con consciencia y fe.”
Ania González Mora,
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